Una de las ventajas de un festival teatral – entre tantas otras – es que uno puede ver en su propio patio propuestas escénicas que no son frecuentes ver en su localidad, lo que – de alguna manera – permite a los hacedores teatrales tomar nota de lo que se hace en otros lugares y experimentar en casa con estas iniciativas.

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En el reciente Entepola 2016 “Leo Salgado” (Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano) una de las propuestas de México fue el microteatro Aguascalientes, que si bien existe en lugares como  Barcelona, Guadalajara, Lima, Madrid, Málaga, México DF, Miami, Caracas, Monterrey, Puebla, Sevilla, Valencia, Veracruz y el propio Aguascalientes, en Jujuy es algo novedoso y así se vio por la cantidad de espectadores que asistieron a esta forma de hacer teatro.

El microteatro es «un formato flexible que permite crear historias de muy diversa índole y acercar al público a un mundo diferente: presentar un producto, transmitir valores de marca, lograr posicionamiento o llegar a nuevos públicos. El límite solo lo marca la imaginación. Microteatro es cultura, arte y gastronomía en una experiencia única». Se trata de obras de «15 minutos para 15 espectadores en salas de menos de 15 m2. Se representan simultáneamente y en sesión continua hasta 7 veces al día. Todas las obras giran en torno a un mismo eje temático que cambia cada mes (por dinero, por amor, por el futuro…)», todo esto de acuerdo a la página web de microteatro.es.

De dos en dos

En el caso de Jujuy las obras que se presentaron dentro del microteatro fueron cuatro que se dividieron en dos sesiones, en el Centro cultural Héctor Tizón. En la primera jornada el público pudo apreciar:

La verdad de los domingos

El público presente, luego de hacer su fila frente a una impactante Catrina, es conducido a un espacio reducido donde una anfitriona nos da la bienvenida para asistir a la charla que  Héctor Sinisterra (Eduardo Villalpando Macías) dictará sobre «La resistencia de los Globos».

Transcurridos unos minutos y cuando el conferencista va a iniciar su conferencia, decide que este es el momento de hablar de su verdadero libro que no es otro que un análisis sobre «La Verdad de los Domingos» pero que su editor no le permite presentar. Sin embargo y pese a esta prohibición, él cree que este es lugar y el  momento de dar a  conocer sus investigaciones, o más bien reflexiones sobre el tema.

Para él, el gran problema está en las parejas actuales, que no se hablan, que no tienen esa chispa que los lleva a «coger» como lo menciona repetidamente y que traicionan ese natural deseo humano por algo más duradero, que puede ser la compañía, el apoyo, esos «cinco minutos» más en la cama, convirtiendo a la relación de pareja en una trampa para el amor.

Durante unos 20 minutos, el tema de hacer el amor será el eje central del discurso – con muchos toques de humor- utilizando ejemplos de la vida diaria para entre risas e imágenes lúdicas que a todos pueden habernos pasado, llegar a la conclusión de que los domingos parecen ser hechos para aquellas mujeres que no tienen con quien salir y se conforman con hacerlo con un amigo, que poco les importa, pero salen con él para no estar aburridas en sus casas, algo que pudiera sucederle a algunas parejas que deciden ir a la calle este día, porque ya no existe esa atracción sexual de antes – que los hacía quedarse en cama retozando – el último día de la semana.

Para este personaje, creado por Juan Bey,  el sexo pareciera ser «la única diferencia entre los amigos y los amantes, institucionalizados o no como matrimonio o novios» por lo que busca – con la ayuda del público – recuperar la sexualidad como la manifestación más poderosa del amor y también la más vulnerable. 

Para él, «la  lealtad, la compañía, los hijos y el miedo a la soledad son motivos equivocados para permanecer con alguien», mientras que el sexo debería ser la razón más afortunada.

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Eduardo Villalpando Macías da a su interpretación ese rasgo de conferencista convencido de su tesis, con algo de predicador, porque al final logra la intención del autor de la pieza, que es «crear la necesidad de una tertulia posterior maridada con un buen vino o una caña bien fría que rebaje la tensión porque no es una función que se vea únicamente como entretenimiento (que también lo es) sino que pretende sacar a la mesa temas que pueden escocer o que nos dicen mucho de nosotros mismos, aunque no queramos reconocerlo», de acuerdo a un dossier de prensa sobre el espectáculo.

Como se menciona en este mismo material «terminas queriendo y odiando al protagonista a partes iguales ya que, en esencia, el protagonista no deja de ser cada uno de los espectadores de la función». La cercanía entre el público y el actor no deja indiferente a nadie, porque en realdad uno siente que esa evangelización del personaje sobre el tema del sexo es algo que tiene que ver directamente con cada uno de los espectadores.

Terminada la exposición, el público aún en modo «reflexivo» salió de la sala para caminar unos metros y hacer una nueva fila para entrar a ver:

“Taxidermia a una perra de 8 chichis”

Luego de una espera de más de 30 minutos – algo que no tiene sentido porque la intención del microteatro es que el público pueda rotar por distintas obras sin perder tiempo entre una y otra – un serio mozo nos hace subir a un cuarto, mientras nos ofrece una húmedas galletas de chocolate, y el señor de la casa nos recibe, en compañía de su perro Mumú.

Él es Fortunato (Jesús López), de profesión taxidermista, y sí… quien está a sus pies es el cuerpo momificado de su perro, ahora transformado en perra de ocho chichis (tetas) por obra y gracias de la magia taxidermista.

Una vez sentados en la sala de su casa, Fortunato comenzará a hablarnos de su vida, cono si fuéramos sus psicólogos… aunque esa imagen no es la mejor porque conoceremos lo que le hizo su especialista y – peor aún- lo que él le hizo a su psiquiatra, que cosas de la vida, nunca más apareció.

Durante 15 minutos, Fortunato nos hablará de su infancia, de la figura paterna, monologo que se verá interrumpido de tanto en tanto por la llamada telefónica de su madre a la que él cuida con amor. Nos irá develando poco a poco, porque parece que él no tiene prisa, sus misterios, sus desengaños, sus problemas internos e íntimos, para sorprender a quienes lo escuchan presentándonos su «linda» galería que forma la colección de cabezas de todos aquellos que han sido hasta ese momento sus víctimas.

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Pero como podrá imaginar el lector, esta obra de Héctor Soto, tiene reminiscencias de la película Psicosis y al final veremos a la madre disecada, quien nunca lo abandona y él trata con esmero y la baña para evitar la acumulación del polvo y la suciedad, al igual que hace con Mumú, el  único que le es fiel, con el que desayuna, cena, acaricia, le cuenta sus penas y alegrías, como si fuera una mascota real.

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Al final, Fortunato se acerca a alguien del público para invitarla a salir (de preferencia rubia) esperando que no termine como sus otras relaciones, con desaparición de la cabeza de la joven, aunque el cuerpo sí es encontrado.

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El porqué de las galletas mojadas es un secreto que no quiero revelar para que quienes vean la obra no se predispongan… no teman, cómanlas, no hay problema, todo es teatro y nadie sale lastimado.

Muchos se acercaron a tomarse fotos con Jesús López porque realmente logra conectar con el público, atrapándolo en esta red de misterio/macabro y al igual que con el personaje de la obra anterior, a Fortunato uno lo ama o lo odia, pero no queda impávido ante su presencia.

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Estas dos obras cuentan con la  dirección de  Rafael Paniagua, del grupo Producciones Micro Teatro México, al igual que “Putísimas, las señorita si se casaran de blanco”“Por culpa del amor”, que forman parte de todo un espectáculo. Estas dos últimas se  presentaron en otra sesión de actividades del Entepola 2016.

Imagino, porque no lo sé a ciencia cierta, que algunos problemas logísticos habrán impedido presentar las cuatro obras en un mismos día, pero ese detalle le restó atractivo a una propuesta que es novedosa en Jujuy, porque michos debieron esperar más tiempo en la fila que lo que pasaron en cada una de las presentaciones y – por supuesto – que esa no es la idea al asistir al microteatro.

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Esta propuesta escénica podría ser replicada en la Provincia, dándole así la oportunidad a nuevos dramaturgos y directores (como los estudiantes de la Escuela de Teatro Tito Guerra y los del Profesorado de Teatro) para que hicieran muestras simultáneas que atraigan al público, así el espectador tendría la posibilidad de asistir a varias representaciones en un solo espacio y poder tener mucho más material para hacer una tertulia que les deje con más ganas de ver teatro, o esa es mi Visón Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

 

 

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