gatos-71Había sido abandonado en un sótano bajo el efecto de un somnífero, lo habían dejan en compañía de una camada de seis gatitos y la madre.

Los ruidos y los saltos en su espalda lo habían despertado después de dos días; la tenue luz que ingresaba por una escalinata le permitía observar los juegos de las entrometidas compañías.

Los días transcurrían; las travesuras de los mininos entretenían a su amo; compartía la bolsa de alimento de los gatos, que encontraba apoyada en una pared; para alimentarse la madre había desgarrado la bolsa, eso duró solo unos días.

Por las noches la madre traía palomas que cazaba en el parque, haciendo otro aporte al sustento. Toda la familia salía por las noches a la fuente de agua, allí tomaban su ración del día; el ritual se repetía cotidianamente.gatos-62

Una camada tras otra se iba sucediendo, las más recientes se iban convirtiendo en más ariscas; al pequeño solo se lo podía ver en las noches oscuras tomando en la fuente. Un incidente en los días calurosos, le hizo saber lo poco deseable que era su presencia.  Esa noche un grupo de jóvenes lo acorralaron y lo golpearon por su aspecto poco atractivo. Desde esa noche el terror se había apoderado de su vida.

Según iba creciendo el pequeño, adoptaba costumbres de los animales: dormía arrollado, encorvaba el lomo cuando se asustaba, abría la boca amenazante exponiendo los dientes cuando se veía amenazado por algún perro vagabundo.

La escasa ropa la buscaba en los contenedogatos-68res de basura del vecindario, de donde también se proveía los alimentos; los hábitos de la colonia son nocturnos para buscar los alimentos; y retozaban durante el día.

Sentía que la presencia humana amenazaba su vida; sus salidas eran cada vez más cortas, las noches de luna llena, la madre le llevaba un pichón que cazaba entre los árboles. Era la única que le ronroneaba refregando su lomo entre sus piernas; si alguna vez sintió afecto en su ser, fue de esa tierna gata, que lo alimentaba y lo mimaba cada día.

Su familia era la creciente camada felina.

Texto: Historias recurrentes

Fotos: Francisco Lizarazo

@visionesp

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