«Contamos con profesionales al cuidado del anciano las 24 hrs del dia. Autovalidos, semidependientes y dependientes».

Cuando crecemos y nos hacemos mayores, afortunadamente no hacemos con nuestros ancianos como en la película «La era del Hielo» o en la serie «Dinosaurios» que muestran a los mayores abandonados a su suerte o sencillamente acaban con sus vidas, porque ya no son de utilidad, muy por el contrario, son una carga para la sociedad.

«Nuestros Mayores merecen el máximo respeto y un lugar que les brinde bienestar y calidez en la continuidad de su vida».

Los seres humanos tomamos a nuestros ancianos y nos dejamos convencer por las lindas publicidades de las casas de hogares y los alojamos en estos idílicos espacios para que vivan con tranquilidad sus últimos años… somos unos dechados de bondad y amor a nuestros mayores.

Un momento… ¿a quién queremos engañar? si demás está recordar que estos llamadas casas de reposo no son más que centros de acopio para nuestros ancianos, a quienes no sabemos  atender, ni tenemos interés n i tiempo por hacerlo. Son pocos los que realmente acuden a las casas de hogar para acompañarlos y velar por su integridad.

En «El Buen …» nos esmeramos para lograr la atención necesaria que garantice una excelente calidad de vida. Para tal fin, aportaremos lo mejor de nuestros conocimientos en la elaboración de planes y estrategias que permitan darle a nuestros mayores una vida plena, lográndolo con comprensión, cariño y responsabilidad.

Qué pasaría si en realidad nos ocupáramos más de nuestros padres ancianos, nuestros abuelos e investigáramos qué sucede en estas residencias, muy seguramente pondríamos el  grito en el cielo,  porque seríamos testigos de mucho de lo que acontece en estos centros, que más allá de un aparente confort y asepsia, no son más que depósitos donde se espera la muerte, con acciones y actitudes de los supuestos «cuidadores» que se acercan más a torturas medievales, que a una buena asistencia sanitaria. No es entonces de extrañar, que algunos ancianos no quieran ir a las residencias de cuidado, y que quienes estén en la actualidad en ellas traten de escapar.

Este proceso de deshumanización de nuestros mayores es el tema que el grupo español La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía la Baja,  presentó en la sala principal del teatro Mitre de Jujuy – en el Festival Internacional de Teatro Relevos – con texto de Eusebio Calonge y las actuaciones de Celia Bermejo, Enrique Bustos, Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez – mejor conocido como Paco de La Zaranda, director de la agrupación y de este montaje – y Iosune Onraita.

«La Nuestra es una institución privada que brinda atención especializada en el  cuidado de personas mayores, los cuales, por decisión propia o de sus familiares optan por permanecer en un lugar especialmente diseñado y concebido para ellos. La residencia cuenta con las mejores comodidades y el personal más capacitado que el residente y su grupo más cercano puedan imaginar».

Con el nombre de «Grito en el cielo» las acciones de la pieza teatral nos llevan al interior de una de las casas de reposo que se venden como un paraíso para los adultos mayores, y ahí conoceremos  a sus inquilinos, 4 ancianos – y su enfermera –  que sienten que están atrapados y que nos irán contando sus males al estar en ese lugar.

Desde la muerte de una de las internas en la casa, a las diarias actividades que debe cumplir los inquilinos, como sesiones de rehabilitación, terapias y actividades recreativas, la obra es una mirada crítica, con mucho humo negro, sobre lo que son estos lugares de depósito de las personas mayores, que son atendidos por enfermeros y enfermeras que casi son autómatas, con poca calidad humana, imagino que también estarán cansadas de atender a ancianos, que no debe ser una tarea fácil, por mucho que uno se haya preparado.

La obra, con dirección y espacio escénico de Paco de la Zaranda, mejor conocido como Francisco Sánchez, transcurre en un tiempo monótono con repeticiones de las rutinas diarias de los pacientes que llegan a desesperar a quienes están en el público, porque las escenas se hacen largas, repetitivas, eternas y sí, esa es la intención para que reflexionemos sobre lo que es vivir en estos lugares, si uno solo con unos minutos se siente atrapado y con ganas de salir corriendo, imagínense a estas personas teniendo que convivir por años en estas casas, hasta que salen con los pies por delante, en el mejor de los casos.

Digo que en el mejor de los casos, porque hay otros seres humanos que aunque sean ancianos se resisten a ser maltratados, quieren rebelarse, y escapar, eso hacen nuestros protagonistas, intentar salir de ahí, antes que la muerte toque la puerta. El plan es sencillo: desertar del geriátrico, el problema es llevarlo a cabo, porque no saben en qué planta están ni en que piso deben bajarse del ascensor para salir por la puerta hacia la libertad.

La obra toca la sensibilidad de quienes la ven, se pueden sentir reflejados y no deja de hacernos pensar en qué estamos haciendo con nuestros padres, abuelos, que llegan a la edad en que se hace difícil ayudarlos y creemos que la solución está en las casas de retiro.

El final demuestra que estos actores españoles no son candidatos a vivir en un geriátrico, porque gozan de vitalidad y la flexión necesaria para hacer movimientos y subirse a la escenografía – unas jaulas que se convierten en otros elementos como duchas, camillas, camas o armarios,  con una rapidez que algunos jóvenes quisieran.

La música de la obra incluye temas como Tannhaüser, Richard Wagner (transcripción para piano de Franz Liszt). Mambos de Pérez Prado. Adore te devote, Santo Tomás de Aquino.

La iluminación de es de E. Calonge y juega un papel muy importan te creando las distintas atmosferas y estados de ánimo de estos ancianos que nos recuerdan a abuelos, padres, o amigos que han ido creciendo y quedándose sin un hogar propio para terminar en estos lugares con color, pero con poco calor humano.

Un Festival para no perdérselo

El día de la inauguración del Festival, cuando se presentó La Zaranda, todo el que tiene relación con el teatro jujeño estaba presente para ver y dejarse ver y apreciar el talento de los españoles, que no sabemos cuándo los volveremos a tener en estas tierras, ojalá puedan regresar pronto.

Actores, directores, dramaturgos, docentes, estudiantes de teatro y todo el que se emociona con el quehacer teatral estaba ahí, por donde uno volteara podía ver rostros conocidos, y es que la ocasión lo ameritaba.

Lástima que una vez comenzada la función no todos entienden la necesidad de apagar el celular y disfrutar lo que sucede en el escenario y como ven en la imagen mientras todos están concentrados, una señora estaba más pendiente de su aparato telefónico, además que tenía la luz a toda la potencia.

Como decía el gran actor y director Vittorio Gasmman: El teatro no se hace para cantar las cosas, sino para cambiarlas» y definitivamente La Zaranda pega un grito al cielo con esta obra y ojalá en la tierra los humanos podamos entender la necesidad de velar no solamente por aquellos a quienes consideramos el futuro, sino a quienes han dado la vida por nuestro presente y que a veces desechamos como algo que ya no tiene sentido, olvidando toda su experiencia y conocimientos de los que podríamos aprender mucho, o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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