Si hay algo claro es que al nacer también estamos caminando el recorrido hacia la muerte. Solamente hace falta estar vivo para fallecer.

Desde el Río Grande hasta la Patagonia, los habitantes de este extenso continente tenemos muchas y variadas maneras de homenajear a quienes han partido antes que nosotros y cuyo recuerdo queremos mantener en la memoria colectiva.

Desde pequeños altares, a inmensos y hermosos mausoleos son muestra de que en vida recordamos a quienes han partido. Pero no en todos los lugares es así, ya que hay países que tienen una relación más «amena» y «festiva» con sus muertos, mientras que otros parecieran esperar que el tiempo haga su trabajo y se lleve los recuerdos.  

El último descanso no tan santo

Entre 1787 y 1896, cuando todavía era conocida como la «Honduras Británica», Belice tuvo en el Cementerio de Yarborough, su principal centro para que sus fallecidos descansaran de una manera digna y se perpetuara su recuerdo.

Sin embargo, quienes tienen la oportunidad de visitar este camposanto se dan cuenta que lo que ahora queda es un sombra de lo que en sus días fue un lugar de respeto. El cementerio quedó dentro de una isla entre dos avenidas y quienes viven a un lado o al otro de la calle lo utilizan para acortar camino. Incluso los alumnos de la escuela cercana atraviesan el camposanto sin detenerse a pensar en quienes están allí enterrados. Si es que aún quedan algunos difuntos en el lugar, ya que se todavía pueden observar lápidas de los siglos XVIII y XIX. Se pueden ver las huellas del paso del tiempo y de las manos de quienes sin importarle el descanso de los que están enterrados se han llevado – como recuerdos o suvenir – parte de las lápidas o de los metales que adornan las tumbas. Las autoridades parecen olvidar la importancia histórica de este lugar, tomando en cuenta que existe un nuevo cementerio fuera de Ciudad Belice.

Otro camposanto que tampoco recibe mucha atención oficial, salvo el de los cuidadores y de los deudos que acuden a cuidar las tumbas es el de Caracas, en Venezuela.

Llamado Cementerio General del Sur, este camposanto fue fundado en 1876 por disposición del entonces presidente Antonio Guzmán Blanco, en la Parroquia Santa Rosalía. En este lugar están enterrados próceres de Venezuela y personalidades ilustres.

Sin embargo, la situación del Cementerio no es nada grata para quienes habitan el lugar, ni para quienes acuden al lugar. En un artículo de Emiro Rotundo Paúl, publicado en el diario El Nacional, este profesor jubilado de la UCV destaca que «a pesar del cuidado que siempre hemos tenido en relación con ese entrañable lugar, ha sido imposible protegerlo de los desmanes que desde hace tiempo se vienen produciendo en el camposanto. Tumbas violentadas, urnas abiertas, lápidas destrozadas, esculturas antiguas dañadas, escombros y maleza lo rodean por todas partes.

Además de sus padres, abuelos y demás familiares, menciona que en el cementerio están «los restos mortales de dos hijas de Francisco Antonio (Coto) Paúl, prócer de la Independencia venezolana, y de Josefina Almeida, sobrina del Generalísimo Francisco de Miranda. Por esas razones el Concejo Municipal de Caracas lo decretó Monumento Histórico (19 de enero de 1963)»

«Adyacente al nuestro, se encontraba el panteón de la familia Flégel, con los restos mortales de los descendientes del Coronel de Infantería Ludwig Flégel, comandante del Batallón de Tiradores de la Segunda División del Ejercito Libertador que combatió en Carabobo. Ese panteón fue completamente destrozado, extraídos los restos que allí yacían y construidas, en su lugar, unas horrorosas fosas de bloque y cemento que seguramente fueron, o serán vendidas al mejor postor».

Concluye indicando que «el Cementerio General del Sur está siendo arrasado por una horda salvaje de delincuentes, de los cuales indudablemente deben formar parte miembros del personal del cementerio, sin que nadie, en esa instancia ni en instancia superior (Concejo Municipal) haga el menor esfuerzo por evitarlo, lo cual pone de manifiesto un rasgo más del régimen político que sufrimos todos los venezolanos y que en este caso tiene que ver con la indiferencia total por los valores más elementales de las sociedades humanas, entre los cuales, necesariamente tiene que estar el respeto por los restos mortales de los ciudadanos».

Respeto y veneración por los difuntos

Afortunadamente, no en todos los países los cementerios y el recuerdo de nuestros difuntos pasan desapercibidos y al hablar de lo que hacemos para homenajear a los muertos uno no puede dejar de hablar de los mexicanos, quienes tienen una relación muy estrecha y cercana con el más allá

Para los habitantes de esta República la muerte no es vista como un ser sin rostro y con guadaña, sino como parte de la belleza de nuestra vida, como bella era Jessica Lange – la muerte – que constantemente seducía a Roy Scheider en la película musical “El Show debe continuar”.

Para el mexicano, en la celebración del día de muertos es un día de júbilo, de fiesta, es el momento de reencontrarse con los seres queridos y para ello organizan comidas, músicas y mucho colorido porque estamos celebrando la vida.  

Recorrer las calle de Ciudad de México observando la manera de celebrar esta fecha es conocer un poco la historia de este país lleno de contrastes, pero rico en materia de folklore, de comida y bebida, que lo hace pensar a uno si en realidad la muerte es solo un paso y si no es mejor vivir cada día como si fuera el último para que cuando nos llegue la hora de partir seamos recordados con alegría y buenos deseos.

La festividad no se queda en los “altares”, sino que se transforma en una festividad callejera con ventas de comida, bebidas, competencias para ver quién decora mejor una calle, o admirar a los jóvenes que recuerdan este día pintándose para adquirir un “look” a lo “thriller” para jugar con la fantasía y transformarse por unas horas en otros seres.

Más al sur, en Argentina, el día de muertos también adquiere un carácter de ritual y festividad para recordar a los difuntos.

En la provincia de Jujuy el “Día de los Fieles Difuntos”, que se celebra el 2 de noviembre, el maíz, las papas y otros productos de la tierra – de la Pachamama – adquieren valor ceremonial porque desde el mediodía del 1 de noviembre hasta el mediodía del día siguiente se sirve la mesa con diversos platillos elaborados con estos ingredientes, basados en la creencia de que «Dios abre las puertas del cielo y los difuntos bajan a la tierra a ver a sus seres queridos y por ello los familiares y amigos los reciben con todas las cosas que le gustaban en vida, y se cree que se quedan entre nosotros».

Además de las tradicionales misas y visitas a los cementerios con ofrendas de flores de papel de colores vistosos, en las casas las familias arman – el día 1 de noviembre – una gran mesa esperando que asistan los difuntos y para ello preparan todo lo que a ellos les gustaba comer y beber en vida.

Esta tradición se llama Mesa de las Ofrendas, y consta de velas, flores, un vaso con agua bendita, cítricos partidos por la mitad, una torta blanca con el nombre del difunto, panes confeccionados con distintas formas (escaleras, cruces, ángeles, etc), así como empanadas de carne o pollo, pochoclos (maíz), locros, asados, vino, y en algunos casos se llega a colocar la imagen del difunto en la cabecera de la mesa.

La charla sobre el difunto no puede faltar mientras se convida a los que llegan de visita con chicha, mate o cualquier otra bebida. El día 2 de noviembre todo lo que «no comió el almita” es repartido entre los vivos y si es mucha la comida, se hacen unos preparados para que lleven.

El continente americano es una esponja en cuanto a celebraciones y la festividad del día de muertos es una muestra de sincretismo entre la religión católica y las creencias ancestrales de quienes habitaban esta región antes de la llegada de los españoles, a lo que ahora se suman manifestaciones como el Halloween. Conocer y respetar las formas de homenajear a los muertos es una manera de predicar la tolerancia, ya sea que hagamos una gran fiesta o reflexionemos y oremos en la intimidad de nuestro hogar, lo que debemos resaltar es la importancia de mantener viva la memoria de nuestros seres queridos, porque así ellos seguirán presentes, porque nada muere mientras siga vivo en nuestros corazones, o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

Comparte esta publicación


1 comentario

Emiro Rotundo Paúl · 27 enero, 2016 a las 9:09 AM

No había leido los comentarios de Francisco Lizardo sobre los cementerios y concretamente sobre el Cementerio General del Sur, el cual prácticamente ha sido destruido en gran parte por la desidia de las autoridades. Este cementerio, en el pasado, tenía una zona central poblada de estatuas y monumentos de gran valor, de mármoles muy finos y realizados por artistas europeos de renombre. Habían muchas matas con flores en las tumbas y era sitio de recogimiento y de paz. Era agradable pasear por sus calles y ver los manumentos. Había seguridad y limpieza. Hoy nada de eso existe, es una pena y ha sido poco destacado el hecho de su destrucción y abandono.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *