Nuevamente la imaginación… esa que construye sueños en realidades, impulsada por la pasión, el esfuerzo como mantenimiento, la sensibilidad entre sus detalles y donde el arte cobra vida. Muchos piensan que la riqueza se encuentra en poseer, pero el brindar ofrece mayores frutos y una satisfacción más profunda. Actualmente, villanos como el egoísmo, una ideología social corrompida y alimentada por una “cultura” entre telenovelas, futbol, programas sin sentido y engaños políticos, es el discurso diario para los mexicanos.

El escenario parece desconsolador para quienes proponen, es decir, aquellos que luchan de forma independiente, ya sea con un instrumento musical, pincel, cincel, puesta en escena, filme original, trabajo literario o un proyecto arquitectónico que aporte algo significativo a nuestro pueblo, eso solo logra el “reconocimiento” del desdén entre “las autoridades” y la expectativa por algún tipo de apoyo, puede durar una eternidad; es a lo que se enfrenta el talento de un artista mexicano “sin palancas” ni “padrinos” o negándose a prostituirse a cambio de la aprobación de quienes detentan el poder. En este país, el compadrazgo, la burocracia como método de cansancio, más recursos a los imperios y el resto… que sirva a estos intereses o que se le censure de la forma que sea. Lo peor, alimentar esta perversidad día a día, al permitir ser un robot del sistema, un explotado más en compañías usureras pero hay que “ponerse la camiseta”, el consumo ofertado por el asco televisivo, al fin… “no pasa nada”.

Mejor cambiemos a un contexto más arquitectónico… la obra de un artista ibérico que hechiza con su diseño orgánico, expresiones de la fantasía en edificaciones que parecieran imposibles de construir, un toque de gótico y Barcelona expone sus obras monumentales donde pareciera que el “País de las maravillas” existiera.

Hablamos de modernismo catalán, consecuencia artística de la innovación del tren, la máquina de vapor, de aquel periodo llamado “Revolución industrial” a mediados del siglo XIX, que lograra su clímax en la Exposición Universal de 1888 en Barcelona, fomentado entre la burguesía ilustrada de Cataluña o en el “Eixample”, basado en el movimiento artístico “Renaixença”, que por cierto, provocó un gran sentimiento nacionalista y brindó a tres grandes arquitectos: Lluís Domenech i Montaner, Josep Puig i Cadafalch y Antoni Gaudí como principal representante.

Gaudí… el “Dante de la arquitectura”

Antoni Gaudí i Cornet, hijo menor del industrial caldero Francesc Gaudí y Antonia Cornet, nació un 25 de junio de 1852, aunque no se sabe si fue en el poblado español de Reus o de Riudoms. Desde muy pequeño, el Maestro compartía su fascinación por la naturaleza y la beldad de los paisajes en estas tierras mediterráneas, aunque su personalidad fuera un tanto retraída desde entonces a causa de padecer reumatismo.

Vegetariano, amante de la equitación, un curioso de la arquitectura y como ideología el socialismo utópico, el joven Gaudí combina sus estudios con el aprendizaje en la elaboración de vitrales o la herrería y en 1878 se gradúa de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, aunque ya colaboraba tiempo antes con icónicos de la edificación como el barcelonés Joan Martorell i Montells, arquitecto de estilo neogótico a quién consideró su maestro.

Sus inaugurales obras fueron las farolas de la Plaza Real y la Casa Vicens, pero una vitrina para la Guantería Comella expuesta en la Exposición Universal de 1978, despierta el interés del Conde Eusebi Güell, para quien realiza sus principales ejemplos de modernismo catalán, como: las Bodegas Güell, Pabellones Güell, Palacio Güell, Parque Güell, Capilla de la Colonia Güell y para el marqués de Comillas -suegro del conde Güell-, realizó El Capricho de Comillas.

La principal obra de Gaudí, definitivamente fue el majestuoso Templo de la Sagrada Familia, maravilla arquitectónica que toma la dirección de su diseño y construcción en 1883, hasta sus últimos días.

Algunas curiosidades del “Dante de la arquitectura”, es que se mantuvo soltero toda su vida, se dice que se enamoró solo una vez, la musa, una maestra de la Cooperativa Mataronense llamada Josefa Moreu, pero lo rechazó, así que la religión fue su refugio. En 1899 se vuelve miembro de la sociedad artística católica, Cercle Artistic de Sant Lulc, forma parte de Liga Espiritual de la Mare de Déu de Montserrat y después del fracaso comercial del Park Güell, la muerte de su sobrina, así como de su colaborador Francesc Berenguer, en 1915 dedica toda su atención al proyecto de la Sagrada Familia.

Al final, Antoni Gaudí i Cornet, con un aspecto desalineado, fue atropellado por un tranvía entre las calles de Garona y Baílen, nadie lo reconoció al pensar que era un indigente, hasta que un día después en el Hospital de la Santa Cruz, el capellán de la Sagrada Familia lo identifica. El gran Maestro Gaudí fallece el 10 de junio de 1926, al dejar todos los planos y maqueta de la llamada “Iglesia de los pobres” terminados y con tan solo una torre construida.

Después de su muerte, Gaudí fue casi olvidado hasta que Dalí y el arquitecto Joseph Lluís Sert, destacan sus obras en la década de los cincuenta. Actualmente, Gaudí es aclamado en todo el mundo, existen los Premios Gaudí a lo mejor del Cine catalán, el año 2002 fue nombrado el “Año Internacional Gaudí” y siete de sus obras son consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, entre ellas: el Templo de la Sagrada Familia y el Park Güell.

Park Güell… ícono del modernismo catalán

Inspirado en el Templo Apolo de Delfos, el pintor, escritor, lingüista, químico, biólogo, político, empresario catalán y conde Eusebi Güell, adquiere en 1899 la llamada “Montaña pelada” -actualmente Monte Carmelo- entre un entorno natural, vista al mar y 60 parcelas para vender… bueno, esa era la idea inicial. Así, el Park Güell inicia su construcción con Gaudí como arquitecto en 1900 y fracasa en materia comercial en 1914. Recordemos que en 1915 este afamado edificador de la fantasía se dedica de lleno al “templo de los pobres”.

El parque es uno de los símbolos del paisajismo en Barcelona, cuenta con una escalinata flanqueada por dos muros con almenas que forman unas terrazas, bajo las cuales se abren dos grutas, así como una fuente donde el agua termina en la boca de una pintoresca escultura de un dragón; la Sala Hipóstila cuenta con 84 columnas, el techo está formado por pequeñas cúpulas tabicadas a la catalana y ornamentadas con originales paneles de mosaico cerámico; el Teatro Griego o Plaza de la Naturaleza, delimitada por el lado de la escalinata de acceso, el famoso banco ondulado recubierto de mosaico realizado por Josep M. Jujol y un muro de contención rematado en grandes capiteles que simulan palmeras del lado de la montaña; los jardines de la Casa Larrard; el Jardín de Austria, donación de árboles por parte de este país con motivo de la exposición «Viena en Barcelona», celebrada en 1977; las columnas inclinadas y bóvedas de piedra de los tres viaductos o puentes y la Casa Trías, actualmente Casa Museo Gaudí.

La maravilla…

El Templo de la Sagrada Familia, es una de esas raras maravillas arquitectónicas que actualmente aún se siguen en construcción, aunque se inició desde 1882.

La sacra obra arquitectónica se origina desde 1866, cuando el Joseph María Bocabella funda la Asociación Espiritual de Devotos de San José, organismo que adquiere las tierras para el proyecto en 1881. La primera piedra se coloca el 19 de marzo de 1882 y eligen como arquitecto a Francisco de Paula del Villar y Lozano, especializado en diseño neogótico, pero tras algunas diferencias este arquitecto abandona el proyecto y toma las riendas en 1883 Antoni Gaudí.

Cabe mencionar que el trabajo de diseño, ornamentación y edificación está basado en la idea de Gaudí, aunque sus planos fueran quemados en la Guerra Civil y hayan pasado más de cien años de construcción. En definitiva esta fue la obra cúspide de Gaudí, la complejidad, sensibilidad y profesionalismo del trabajo, así como el proceso de construcción que solo lleva más de un setenta por ciento de avance.

Expliquémonos mejor… el Templo de la Sagrada Familia consta de 18 torres, de las cuales solo se han terminado ocho y tres fachadas, de éstas solo dos han sido casi concluidas. Al interior, el modernismo catalán orgánico y natural de Gaudí es sencillamente impresionante, mientras que muchos escultores renombrados, afamados artistas decorativos y otros especialistas han dado forma al exterior de este recinto sacro.

En total existen tres momentos en la edificación: El Nacimiento, La Pasión y La Gloria. Los dos primeros están completados, “en su mayoría” por sus torres y fachada, pero La Gloria es la principal del conjunto. Será la majestuosidad, lo sublime… y apenas inicia, aunque Gaudí, ya lo tuviera trazado en su genialidad artística desde 1883.

Glen Rodrigo Magaña

@HomoEspacios / @glenrod85

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