Na´k´in«Al cabo de más de 50 años, Na’k’in recuerda con palabras serenas – sin sollozos ni lamentos – a los que se remontan el lejano día cuando su padre la entregó a los leñadores blancos por una caja de municiones.

La vida de Na’k’in había pues empezado mal, por lo menos así se lo contaron. hija primogénita de K’in no tenía cuatro años cuando su madre murió, dejando desamparadas a sus dos hijas.

Habla Na’k’in: Pobre de mi mamá, no nos vio crecer, estaba muy tierna mi hermanita cuando ella se murió. No había leche para darle, así que puro atole comió mi hermanita. Lloraba mucho, se enflaqueció de tanto llorar.        

Na’k’in intentó encargarse de su hermanita de apenas dos años, pero ella misma era muy pequeñita. Ignoraba cómo hacer tortillas, tan solo podía cargar al bebé, arrullarlo y esperar a tiempos mejores para ambas.

Na’k’in no cumplía todavía cinco años cuando se padre la casó con Ka´yun. Tuve que dejar a mi hermanita, por eso luego se murió».

IMG_0004 (Copiar)Así nos narra Marie-Odile Marion, ya fallecida, la vida de las mujeres lacandonas, con las historias de Na’k’in, Chana’bor, Chanes, Chana’k’in, Chanuc, que se recogen en el libro «Entre anhelos y recuerdos», México: Plaza-Valdés, 1997, como un testimonio de algunas de las tradiciones y costumbres del estado de Chiapas, y que para conocerlas más fueron leídas en el 3er Encuentro de Lectura en Voz Alta, que se realiza en el Centro Cultural El Foco, Tlacotalpan 16, Col. Roma Sur, Ciudad de México.

IMG_0003 (Copiar)Con la lectura de Emiliano Ruiz Villalba, «Entre anhelos y recuerdos» nos hace un recorrido por la vida de estas mujeres, su relación con la naturaleza y el trato que reciben en su comunidad, con sus tradiciones – como organizar matrimonios por conveniencia a muy corta edad – junto a la relación que tienen con la muerte violenta, producto de luchas entre las diversas etnias.

IMG_0042 (Copiar)Ruiz Villalba relata con voz suave y repitiendo algunas frases – que pueden prestarse a confusión por la terminología indígena – que las mujeres lacandonas deben hacer frente a la fatalidad que supone la vida y aunque los momentos de alegría son escasos, siempre hay un aprendizaje de la experiencia de vivir y resuelven las situaciones con la práctica que da la misma vida. No es una vida fácil la que llevan estas mujeres, sometidas a explotación, casamientos contra su voluntad, desprecio entre sus propios habitantes si no tienen la “compañía y protección de un hombre” o si tienen trato con los que no son de su tribu.  

encuentroEn la lectura de «Entre anhelos y recuerdos» se pone en evidencia el trabajo de Marie-Odile Marion como antropóloga, quien «escucha» aquello que las mujeres lacandonas exponen y luego lo lleva a un libro para que otros puedan conocer las costumbres de las etnias mexicanas, brindando ayuda para dar orden y sentido a los eventos que surgen de la mente y de los recuerdos de sus protagonistas.

Leer la historia de los primeros habitantes de nuestras tierras, llámese México, Venezuela, Argentina, o cualquier otro país, es una manera de mantener tradiciones y memoria de lo que somos como pueblos, como seres humanos que tienen un pasado, que muchas veces olvidamos. Además, escuchar a alguien leer sobre estas historias es rememorar aquellos tiempos en que nuestros ancestros se sentaban ante una fogata y contaban las historias que formaban parte de la tradición oral del pueblo, y que eran contadas de memoria, tradicionalgo que se ha perdido con la modernidad en que vivimos, y que en muchos casos ni nos deja tener una conversación viéndonos a la cara,

Como dijo Wilfrido Momox, director Artístico del Centro Cultural El Foco, «El poder más grande que tenemos está en el sonido, al producir el primer gran sonido en la vida, ese llanto-grito-expansivo que emerge por naturalidad y a priori a la existencia misma», o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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